“El cerrajero del rey” revive las intrigas de la corte de Fernando VI

Si hay un género literario que goza de gran popularidad actualmente, es sin duda el de la novela histórica. Estas obras de ficción se caracterizan por recrear con precisión un periodo histórico, incluyendo hechos y personajes no ficticios que forman parte de su trama. Se distingue así de la novela de ambientación histórica que sólo revive épocas remotas, prescindiendo de sus verdaderos protagonistas. Tampoco ha de confundirse con la historia novelada, que echa mano de recursos narrativos de la novela, pero descarta los elementos de ficción. Y es esta delgada línea entre hechos reales e imaginación lo que hace tan atractiva a la novela histórica.

Pero este género no es una creación de reciente data. Sus orígenes suelen situarse en el siglo XIX con los escritos del escocés Walter Scott. El éxito no se hizo esperar en un momento en que el nacionalismo y la exaltación del pasado se erigían como bastiones, en oposición a las ideas de la Ilustración.

Es España se reconoce a Ramón Húmara y Salamanca como el primer autor en sumarse a este género, con su obra “Ramiro, Conde de Lucerna”, que vio la luz en 1823.

Pero los verdaderos titanes de la novela histórica española son Benito Pérez Galdós y Pío Baroja. Ambos asumieron, a través de los “Episodios nacionales” y las “Memorias de un hombre de acción”, respectivamente, la difícil tarea de revivir para el pueblo llano, el de las amas de casa, obreros y criadas, las grandezas y miserias de otras épocas, aderezándolas con toques de amor y maldad, que son los temas más universales de toda la literatura y constituyen la esencia de la novela.

Y esto es precisamente lo que logra María José Rubio con “El cerrajero del rey”, novela que supuso su primera incursión en la narrativa de ficción, tras haberse destacado previamente como historiadora. Pero el salto valió la pena, pues con su ópera prima obtuvo el Premio de Novela Histórica Ciudad de Cartagena en el 2012.

La trama gira en torno al joven Francisco Barranco, quien llega de provincias a Madrid para aprender el oficio de cerrajero real con el maestro José de Flores. Las investigaciones de la autora le permiten situar en contexto esta actividad, que revestía gran importancia para la seguridad de los monarcas. No en vano, un baúl con tres cerrojos resguardaba los moldes de las cerraduras de las habitaciones reales, y las llaves se repartían entre tres personas de diferente rango, para evitar componendas que amenazaran la continuidad de la dinastía.

El protagonista demuestra muy pronto su extraordinario talento, con el que se gana la simpatía de su maestro y el odio de otro aprendiz.  Se relaciona también con un comediante, que es su pase de entrada al palacio de los Goyeneche, donde conoce a la condesa de Valparaíso, esposa de Juan de Goyeneche, un cercano colaborador de Carlos II. Entre el aprendiz de cerrajero y la condesa se desarrolla, como no, una historia de amor imposible.

Esa cercanía con el círculo de poder lo involucra en oscuras maniobras políticas, cuyos hilos son manejados por Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, enfrentada a su hijastro Fernando VI y a su nuera Bárbara de Braganza, por el control del poder.

Una buena dosis de intriga también condimenta la novela, pues refiere episodios de espionaje que buscan descubrir los secretos de la fundición del acero con fines militares, con la intención de convertir a España en una potencia bélica.

Los personajes de “El cerrajero del rey” viven en primera persona eventos como el incendio del Real Alcázar, en 1734, donde Francisco Barranco y su maestro ponen en riesgo su vida para recuperar Las Meninas y otras obras de arte.

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